Creo que para mí la música fue siempre sinónimo de
felicidad.
Entonces... todo aquello que se hace por puro
amor, con el deseo inconsciente de reconciliarse con la parte más feliz de sus
vivencias para, con tesón y entrega, potenciarlas al máximo, cobra especial
sentido.
Si estamos convencidos de que todos los matices
del alma humana tienen un por qué, que debe ser atendido y entendido.
Si estamos convencidos de que lo que hacemos es lo
más hermoso del mundo.
Si estamos convencidos de que lo que hacemos, lo
hacemos bien y desde hace ya mucho tiempo, llega el momento en que sentimos el
deber de compartir...; porque será la nuestra una nueva experiencia valiosa a
conocer.
Con la intensidad, con la intención y la certeza
de “profesar” como un sacerdocio nuestra formación musical, lo poco o mucho que,
sabemos, va a procurar al mundo una cultura de paz.
Porque en lo personal, sabemos que hemos aprendido
mucho más entregando nuestras interpretaciones al público que ensayando;
respondiendo las preguntas de los auditores, que dictando una charla; enseñando,
que recibiendo clases, pues eso nos ha permitido contrastarnos, ponernos en
evidencia, en fin… relacionarnos.
Hay un sector de gente del país que sigue
trabajando para formar almas sensibles; para que cuando la felicidad de verdad
llegue, no encuentre desprevenido a nuestro espíritu. Para buscar los múltiples
matices que la vida nos ofrece; para crear ...sí, para creer y crear; para
canalizar toda la energía de adultos, jóvenes y niños hacia ese mundo mejor al
que todos aspiramos: para poder regocijarnos en la apreciación de la belleza en
todas sus expresiones.
Los "artistas docentes”, quienes tenemos en
nuestras manos la oportunidad singular de formar ciudadanos desde la
concepción, a través de sus padres, y durante toda su formación personal,
desarrollando capacidades, destrezas, sensibilidades y, lo más importante,
espíritus libres con valores firmemente establecidos, estamos obligados a decir
claramente lo que pensamos.
Desgraciadamente, a lo largo de los años hemos
venido corroborando que cada persona, en nuestro país, y en otros muchos más
que sufren de este reparto inequitativo de la riqueza, tiene un “techo” al que
deberá llegar.
Esta es una palmaria realidad en nuestro tan
querido como herido país.
Sólo teniendo la convicción de que la educación es
la herramienta más valiosa para conseguir esa igualdad de oportunidades que
queremos para los niños y niñas nacidas a lo largo y ancho de todo el Perú,
podremos lograr la solidez en principios que nos permita ser exigentes con los
formadores de nuestros hijos y, más aún, exigentes con nosotros mismos.
Pilar Zúñiga
Introducción del libro Musicresciendo: Música para
un mundo mejor
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.