Las
ciudades deben oir la voz de los sabios hombres que habitan los campos del
mundo
Esta carta
pudo ser escrita también por alguno de nuestros hermanos asháninkas, aymaras,
quechuas, kashinawas, o de cualquiera de nuestras comunidades, que conviven en
este nuestro amplio territorio: nuestro amado Perú.
Leámosla con cuidado.
“En las ciudades del hombre blanco no hay lugar tranquilo,
ni sitio donde escuchar cómo florecen los árboles en primavera
o cómo revolotean los pájaros.
Quizás es que yo soy un salvaje y no entiendo nada.
Pero el ruido insulta nuestros oídos.
¡Para qué sirve la vida si los hombres no pueden
escuchar los trinos del pájaro amigo,
ni el diálogo nocturno de las ranas junto al lago?.
Yo soy un piel roja, y no sé nada.
Pero a nosotros nos gusta el suave susurro del viento sobre el agua del
lago,
y el olor del aire purificado por la llovizna del mediodía
y perfumado por el aroma de los pinos”.
Jefe Seattle, piel roja, en carta a Franklin Pierce,
décimo cuarto presidente de los Estados
Unidos de América