Quiero utilizar el blog de Musicresciendo para que conozcan a muchos seres pensantes, que tengan algo que decirnos. Este 2007 me sentí muy identificada con las palabras de Silvia y me permito reproducir lo que escribió por el día del maestro, día de muchos lectores de estas entregas.
Feliz día, maestros!
"Cada ser humano tiene en su haber la impronta con
la que ha sido marcado por un maestro. Tal vez sean las marcas dejadas por
aquella mujer que nos abrió la puerta al universo del conocimiento a través de
las primeras letras y de los primeros cálculos. O quizá sean las marcas
imprimidas por alguien que atravesó nuestra vida por fuera de la enseñanza
formal.
Lo cierto es que esas huellas indelebles son la
prueba de que la educación conlleva la capacidad de un individuo de trascender
a través de otro.
Porque educar es una acción profundamente
solidaria. Es la oportunidad que tienen los seres humanos de acompañar a otros
en el tránsito que los lleva, como nos decían de pequeños, a afianzar raíces y
a desplegar las alas.
Educar en una sociedad en la cual los lazos entre
las personas se licuan y se tornan frágiles y donde las dificultades se
reactualizan y se potencian de modo constante es una tarea compleja. Sin
embargo, paradójicamente, en un entorno volátil, gobernado por las tecnologías
y por las leyes del marketing, los docentes siguen siendo los anfitriones de
uno de los pocos escenarios aún vigentes para construir vínculos.
En esos escenarios escolares, valores como el
amor, la libertad y la identidad cobran carnadura. Son los maestros los que
pueden promover la formación de hombres y mujeres identificados con el respeto
de los derechos humanos, el reconocimiento de los diferentes y la preservación
del medio ambiente en el que vivimos.
Son el pensamiento, el acceso a los nuevos
conocimientos, la confrontación con diversidad de saberes y opiniones y la
indagación en diversas culturas las habilidades que nos permiten constituirnos
en personas más humildes, menos prejuiciosas y más éticas.
Los maestros son los que nos hacen tomar
conciencia definitiva de que somos perfectibles, de que hay más conocimientos
por aprehender.
Desde las culturas ancestrales, el maestro es el
líder en la sociedad, un líder con el carisma suficiente para iluminar mentes y
corazones. Un guía capaz de estimular el pensamiento, aun en condiciones
adversas.
En nuestro país más de ochocientos mil mujeres y
hombres eligieron el camino de la docencia como vía para su desarrollo
profesional. Ellos se enfrentan cada día con presiones para las cuales no están
preparados. Muchos de los docentes argentinos actúan en condiciones que distan
de ser dignas, en ámbitos de pobreza y marginación. Los nuevos contextos
sociales les ponen por delante desafíos para los cuales no fueron preparados,
pero que hacen duro impacto en el aula. A pesar de todo, cada día reciben a
niños, jóvenes y adultos que buscan en ellos un puente que les permita
superarse. Cada docente en particular y el sistema educativo en su conjunto se
enfrentan con la profunda transformación que produce la globalización.
Sin embargo, el dilema esencial que tiene hoy cada
maestro al mirar a sus alumnos tal vez no haya variado.
Escuchemos al catedrático de la Universidad de
Málaga José Esteve cuando afirma: "Lo único que de verdad vale la pena y
llena de sentido el trabajo docente como para justificar que quememos en él
nuestra vida es ayudar a los alumnos a comprenderse a sí mismos, a entender el
mundo que los rodea y a encontrar su propio lugar, desde el que podrán actuar plenamente
en la sociedad. Para ser maestros de la humanidad, hemos de rescatar el valor
humano del conocimiento".
Para lo cual, concluye, "la tarea básica del
docente es recuperar la inquietud".
Cada ser humano tiene la impronta de un maestro.
Unamuno recuerda al suyo, Giner de los Ríos -nos ilustra Esteve-, como "un
hombre que pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir
y hacer pensar y sentir".
Tal vez, recordar a nuestros maestros, los que nos
ayudaron a pensar, nos permita recuperar energía para alimentar la llama que
encendieron en nosotros. Puede resultar un estimulante modo de reconocer que si
bien sólo algunos tienen el don de la docencia todos tenemos la dicha de
sentirnos alumnos."
Por Silvia Bacher, docente y periodista especializada
en temas de educación y comunicación. Para LA NACIÓN, Martes 11 de setiembre de
2007
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